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Generación Sin Unción

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“También murió toda aquella generación, y surgió otra que no conocía al Señor ni sabía lo que él había hecho por Israel”. Jueces 2:10

El libro de los Jueces no tiene autor conocido. Este libro deriva su nombre de los individuos a quienes Dios levantó periódicamente para guiar y liberar a los israelitas después de que ellos se habían descarriado y habían caído bajo la opresión de vecinos extranjeros. El libro menciona trece jueces provenientes de diferentes tribus y se desempeñaron como líderes militares y magistrados civiles. Muchos tuvieron influencia solo dentro de su propia tribu, mientras que algunos sirvieron a todo el territorio de Israel.

Vemos también como en este libro se revela la decadencia espiritual y moral de las tribus después de que se establecieron en la tierra prometida, mostrando con claridad las diversas consecuencias que siempre ocurrían cuando Israel olvidaba su pacto con el Señor y se iba más bien en la dirección de la idolatría y la inmoralidad.

En el segundo capítulo podemos leer la terquedad y desobediencia del pueblo escogido por Dios. Ellos se entregaron a la idolatría de dioses de pueblos vecinos. El Señor se compadecía de ellos cuando algún tirano los oprimía y afligía, pero una vez liberados, ellos regresaban a la desobediencia, la cual cada vez era más corrompida y perversa. Israel se convirtió en un pueblo de malas costumbres y obstinada conducta.

Y es lo que hoy, de igual manera sucede con la conducta de muchos cristianos. Desean acercarse a Dios, necesitan de su aliento y fortaleza, le piden con devoción que los libere de difíciles circunstancias por las cuales están pasando, se arrepienten y hasta llegan a prometer servir al Señor con más diligencia. Sin embargo, después de un tiempo, cuando la situación ha mejorado en sus vidas, olvidan el pacto que han hecho al Señor, vuelven a cometer los mismos errores o peores y repiten de nuevo el ciclo: lamento, aflicción, culpa, arrepentimiento, petición. Y dicen: “Señor te necesito, ayúdame …” ¿Así nos educaron nuestros padres? Eso es religiosidad. Esa conducta no transforma a nadie.

“Surgió otra generación que no conocía al Señor …”  Esto quiere decir que los padres somos los responsables de educar espiritualmente a nuestros hijos. Nadie más. Ni los amigos, ni la escuela, ni el gobierno, ni la iglesia. Son los padres con su ejemplo, en la intimidad del hogar quienes educan y transmiten su unción a las próximas generaciones. ¿Pueden tus hijos ver que tienes comunión genuina con el Señor Jesucristo? ¿Ellos ven cuánto amas a Dios? Recordemos que la unción que el padre y la madre tenga, esa misma unción es heredada por los hijos. La unción se refiere a que Dios utiliza nuestra humanidad para hacer sus obras en la tierra. O sea, nos convertimos en herramientas eficaces en las manos de Dios cuando lo agradamos con una fe sincera, creciente y determinante. Eso mismo lo reciben nuestras próximas generaciones. En Deuteronomio 6:6-7 leemos “Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.

El ciclo de decadencia y renovación espiritual comenzó con la muerte de la generación que había tomado la tierra prometida y el surgimiento de una nueva generación de israelitas. El ciclo reflejado en el libro de los jueces gira en torno a lo siguiente:

1.      La nueva generación se desvía de la recta dedicación de sus padres y se aparta de una relación personal con el Señor.

2.    Eso lleva a su conformidad a la manera de vivir y a los valores de la cultura circundante y da por resultado la apostasía general (abandono de la fe).

3.    El juicio de Dios llega a Israel en la forma de opresión y esclavitud por parte de uno de sus enemigos.

4.    Posteriormente los israelitas claman a Dios por su aflicción y se arrepienten de su descarrío.

5.    Dios levanta aun líder capacitado por el Espíritu que sirve de libertador para que libre a los israelitas de su esclavitud y los lleve a Dios.

¿Qué podrías aplicar de esta enseñanza a tu familia? ¿Crees que Dios te puede usar como padre o madre para pasar la unción a tus hijos? ¿Qué debes comenzar a hacer a partir de hoy?

Oremos: Querido Señor Jesús. Perdona mi falta de fe, mi poca devoción a ti, y mi falta de compromiso para recibir tu unción y heredarla a mis hijos. Hoy te pido que me uses para ser de bendición y ejemplo para mis próximas generaciones. Oro en tu santísimo nombre. Amén.

 

Recibe la paz y la gracia de Dios.

 

Mario Tobon

 

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